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Modernismovienés

Oficial austríaco del ejército austro-húngaro abrazando a un amigo © IMAGNO/Archiv Natter

„… guaseaban dándose nombres de chica“

Texto:Andreas Brunner

Hacia el 1900, Viena era también punto de encuentro de muchos homosexuales. Aunque las relaciones homosexuales eran duramente castigadas de manera oficial, el ambiente liberal y el anonimato de la gran ciudad favorecían que el ambiente gay prosperara.

”La noche de la víspera de Pascua, el barón X me acompañó a un restaurante homosexual ciertamente poco frecuentado por normosexuales. […] Allí estaban sentados, conversando de manera distendida y animada, gente culta e inculta, ricos y pobres, portadores de nombres históricos junto a artesanos de condición humilde, unidos por un mismo destino que salvava las diferencias de clase“, contaba en 1901 Magnus Hirschfeld, el padre del movimiento homosexual alemán afincado en Berlín, en una revista médica especializada hablando del oculto y creciente ambiente homosexual de la ciudad, que en esa época se estaba convirtiendo en una ruidosa metrópoli. Podemos confiar en su mirada de experto, aunque por motivos comprensibles no cite nombres concretos ni de persona ni de

lugar, ya que tanto la homosexualidad masculina como la femenina eran perseguidas por la ley y condenadas en amplios sectores de la sociedad. La gran ciudad, cuyo variado ajetreo escapaba a menudo del control estatal, ofrecía suficientes rincones para vivir una vida diferente, homosexual, tal y como lo contaba Hirschfeld: “Vimos hombres que aparentemente no presentaban nada destacado y a otros que iban maquillados y empolvados o que llevaban parches de belleza o iban cargados de brillantes auténticos o falsos, […] por un lado descubrimos a una pareja de la que nos contaron que llevaban más de veinte años juntos […], por el otro un grupo de chicos de 18 a 20 años que se regocijaban en su alegría juvenil y guaseaban dándose nombres de chica.“

Vista exterior antigua del restaurante “Eisvogel“ en el Prater © ÖNB/Wien, 135.230-D

El coronel Alfred

Redl

© ÖNB/Wien, Pf6924:C(1)

El coronel Redl El espía gay

Hirschfeld habló solo de puntos de encuentro para hombres homosexuales, sobre la vida de las lesbianas no nos ha llegado relato ni testimonio alguno. Sin embargo podemos suponer que en los bares y restaurantes de esta subcultura no solo se mezclaban las clases sociales sino las identidades sexuales. En las tabernas de vino, cervecerías y aguardienterías de los barrios periféricos se respiraba con seguridad un ambiente menos civilizado, ya fuera en el barrio de Spittelberg, en las cercanías del mercado del Naschmarkt o en el Prater. En el Eisvogel, un gran local de diversión del Prater, las mujeres lesbianas contemplaban ensimismadas a los miembros de la orquesta femenina, mientras que

los hombres buscaban contactos entre los arbustos a la largo de la Avenida del Prater, corriendo el riesgo de caer en las manos de una banda de chantajistas. Los numerosos llamamientos de los moralistas en contra de la depravación en Viena demuestran que la prostitución formaba parte evidente de la vida de la metrópoli.
Si nos creemos a Hirschfeld, los “soldados de los diversos regimientos vieneses que […] se proporcionaban unos ingresos adicionales“ eran muy solicitados entre los que hacían la carrera. Una de estas relaciones fue causa de gran escándalo cuando se descubrió en 1913 que el coronel Alfred Redl trabajaba de espía para Rusia e Italia y vendía secretos militares para financiar el costoso estilo de vida con su amante. También los numerosos baños vieneses eran frecuentados por soldados, aunque no necesariamente lo hicieran por dinero. El “Römisches Bad“, en el barrio de Leopoldstadt, era conocido más allá de los límites municipales por ser un elegante punto de encuentro para hombres homosexuales; al igual que el “Centralbad” (la actual sauna exclusivamente gay Kaiserbründl), en el que se divertía incluso el hermano del emperador Francisco José, el archiduque Luis Víctor, llamado “Luziwuzi“. Los de menor poder adquisitivo merodeaban por el proletario “Margaretenbad“ o el “Esterházybad”, situados ambos en las cercanías del mercado del Naschmarkt. Entre los parques destacaba el céntrico Stadtpark por su popularidad como punto de encuentro de los homosexuales.

Cartel para el “Centralbad“ de Viena (actualmente Kaiserbründl) de Hermann Grom-Rottmayer, 1912

© IMAGNO/Austrian Archives

Freud estaba en contra de la persecución de los homosexuales

La sexualidad no solo era un tema tratado en el arte (recordemos a Arthur Schnitzler o los crudos desnudos de Gustav Klimt o Egon Schiele) sino también en la ciencia. Viena era uno de los centros (por no decir el centro) del debate científico sobre la homosexualidad. La medicina, la joven sexología y las diversas escuelas psicológicas todavía en proceso de desarrollo encontraron una tarea agradecida en la explicación del fenómeno de la homosexualidad. La “Psychopathia sexualis“ de Richard von Krafft-Ebing era discutida de manera apasionada no solo en los cafés y círculos científicos. Este éxito de ventas, que alcanzó 13 ediciones hasta la muerte de Krafft-Ebing, debía sin embargo su fama mundial no solo al “interés por el tema […] que despertaba su teoría de las pervesidades sexuales en los lectores sobrecalentados”, como dijo con sorna Karl Kraus. Pese a todas las críticas de las tesis patologizantes de Krafft-Ebings, su “Psychopathia“ influye en nuestros pensamientos y nuestras palabras sobre la sexualidad hasta el día de hoy, ya que algunos de los conceptos creados o popularizados por él (tales como sadismo, masoquismo o la representación de las diversas formas de fetichismo) han quedado profundamente grabadas en nuestra memoria colectiva.

Solo otro conseguiría superarlo en su repercusión mundial: Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis, partía de una predisposición básicamente bisexual del ser humano. Solo a lo largo del desarrollo se manifiesta más tarde una tendencia hetero u homosexual. Aunque la explicación de Freud veía la homosexualidad como un déficit en el desarrollo sexual, se declaró en contra de la persecución penal de la homosexualidad, al igual que Krafft-Ebing y muchos otros intelectuales de primera fila de su época, como por ejemplo los escritores Karl Kraus y Stefan Zweig o la feminista Rosa Mayreder.

Muchos de ellos subestimaron las fuerzas conservadoras y también el ascenso del fascismo, que puso fin a todos sus esfuerzos. Poco tiempo después el nacionalsocialismo condenó a los homosexuales a largas penas de cárcel, los confinó en campos de concentración y experimentó con sus cuerpos. Y tambiém después de la liberación se mantuvieron la amenaza de prisión y la marginación social. La suspensión de la persecución penal de relaciones homosexuales de común acuerdo entre adultos no llegaría hasta el año 1971. Y también un nuevo auge de la subcultura homosexual, como la que había existido en la Viena del 1900, quedaba muy lejos de ser alcanzado.

Los Baños Esterházy, hacia 1905 © Zentrum QWIEN